“14 aprendizajes que me ha dado correr por una meta!”

Hace poco más de dos semanas corrí mi primera media maratón, 21 km de un tirón, algo impensable hace cuatro días para mí y al finalizar me sentí feliz, pleno y con una emoción tan grande que tenía unas ganas de llorar enormes, y lo hice, lo de la maratón digo y lo de llorar también.;-)

Seguro que te planteas porque te cuento esto, es normal; mis post suelen ser de pnl, desarrollo organizativo, sistemas de gestión del desempeño, constelaciones organizacionales…bueno, si mes sigues un poco ya sabes.

Te cuento:

Me inicié en esto de correr creo que fue hace 4 años, cuando después de levantarme por la mañana, mis huesos crujían y mucho; pasaba unos minutos cada mañana hasta que se calentaban los músculos y empezaba a sentirme mejor. Cuando te encuentras en momentos de necesidad de cambio, te planteas eso de “tendría que hacer algo” (te resulta familiar verdad) pero me resistía a dar un paso. 

¿No te pasa que a veces todo lo que imaginas que tienes que hacer es tan grande y te da tanta pereza que no te dejas espacio para sencillamente hacerlo y ya está?, también he descubierto que hacer las cosas suele ser bastante más fácil que pensar que tienes que hacerlas, en fin, así soy.

Bueno que me despisto. Todo empezó como un juego. Mi pareja se descargó algo al estilo “Corra ud 40 minutos en 10  semanas”, para los corredores eso es nada pero para los que nunca hemos practicado es una barbaridad, casi una gesta!.

Arranqué y cumplí el propósito, de ahí a plantearme alguna carrera fue un paso y sin darme cuenta corrí una de 5km y luego con algo más de entrenamiento una de 10km y luego otra. Ya había empezado, la verdad es que estaba animado y como me pasa alguna vez…me vine arriba.

¡Correré una media maratón! Tome un compromiso conmigo mismo y con mi amigo Albert, y empezamos a entrenar.  La verdad es que iniciarse en la práctica deportiva una vez has pasado la frontera de los 40 tiene su miga, por temas de salud nunca he practicado deporte de forma regular, no he experimentado que se siente tras un partido, lo que significa entrenar, las sensaciones que tienes después de un desempeño físico, estiramientos, en fin, esas cosas que a los deportistas les generan tantas endorfinas y bienestar.

Yo iba por el objetivo, y si me permites la expresión… a saco. Correr, correr y correr, y cada día que salía un poco más, con toda la candidez del mundo y sacando dosis de disciplina en muchas ocasiones que no me apetecía nada. Suerte de Albert que tiraba de mí. Entrenar por las noches de noviembre a febrero, no es plato de gusto; mucho frío, humedad, oscuridad, soledad y únicamente tú, tu “personal trainer” y el objetivo; entrenar después de un día difícil, cuándo tendrás que madrugar al día siguiente, cuando podrías aprovechar para descansar un poquito más, cuando la primera media hora hasta que has calentado sólo sufres, no pone nada, de verdad.

La cabeza te pone muchas trampas. Tu cerebro sólo quiere tu comodidad.

Todo iba bien, quedaba apenas unas tres semanas para la fecha de la media maratón, estábamos subiendo el ritmo de los entrenos y lo cierto es que estaba muy animado y muy crecido, tenía tan claro que eso de querer es poder, cuando…. Crac, crac y catacrac!. Bursitis, rotura de fibras y no sé cuántas cosas más en mi cadera derecha. Hasta aquí hemos llegado.

Le pedí a mi trauma que me diera algo para el dolor y poder hacer la carrera, porque ahora no tenía ninguna intención de parar, éste levantó la ceja derecha (siempre ha sido un gesto interesante para mi) y creo que si no es por el código deontológico me rompe la otra pierna. Se terminó mi sueño, finito, caput, ko, me quedé hecho polvo y entonces me vine abajo. El traumatólogo me soltó algo que aunque ya sabía no había contemplado en toda su magnitud

“Querer no es poder, si no sabes cómo”.  Es cierto que la motivación es muy importante, me decía, pero hacer las cosas sin saber lo que tienes que hacer puede hacerte daño (y me lo hice) y dejarte en sufrimiento (que también me lo hizo).

Me fastidió tener que parar, me sentí que aquel esfuerzo no había valido la pena, sentí que de alguna forma fallaba a las personas que habían confiado en mí, me sentía apenado y muy triste, un desastre. Lo que pasó es que me fui al otro lado, aunque hice mis sesiones de rehabilitación, dejé de correr, lo deje por más de 6 meses; gané peso, y el cuerpo se volvió a resentir, hice algún intento, pero la verdad es que lo enfrentaba con poca convicción.

Aunque sabes una cosa, aún tenía ese gusanillo de querer hacerlo, de poder hacerlo, de sentir que era capaz de lograr ese reto y me contaba a mí mismo que seguro que algún día lo haría, pero no tenía una fecha y las semanas volaban que daba gusto. Así hasta Navidad.

Me propuse retomar el reto con todo lo que había aprendido. Intenté asegurar el cómo y liberarme de exigencias para no tener presión. Está vez sí busqué un método organizado para seguir, una forma relativamente testada que pudiera guiar mis pasos para alcanzar ese reto y lo encontré; es una barbaridad lo que encuentras si buscas con un poco de atención e intención.

Te cuento que este método me ayudó porqué podía personalizarlo a mi nivel de competencia de ese momento, las exigencias que tenía que enfrentar estaban en consonancia con mis posibilidades y, según las posibilidades del trabajo y familiares, ajuste los entrenamientos a las horas del día que me resultaban mejor. La cuestión era intentar crear un contexto más favorecedor. Creo que me aproximé bastante.

Bueno, te cuento todo, para ser completamente honesto debo contarte que por diversos motivos no seguí el plan al 100%, la vida son bastantes más cosas que correr una media, eso está clarísimo, pero tenerlo escrito me ayudó a volver a él rápidamente y me mostró que tener un plan aunque no lo sigas de cabo a rabo es mejor que no tener nada. A mí me funcionó.

Creo que seguí el programa más del 80%, sólo variando los días para compaginar con asuntos del trabajo; alguna vez salía con Albert y la mayoría sólo, aunque gracias a estas aplicaciones de compartir entrenos, nos animábamos mutuamente y no cierto es que no nunca llegué a sentir que entrenaba sólo.

Así pasaron dos meses y medio y llegó el día de la carrera. Por qué negarlo, estaba excitado y con cierto temor a no terminarla. Mi propósito era terminarla con buenas sensaciones, no me preocupaba el tiempo, eso era para los más veteranos, por mi parte quería poder completarla y disfrutar el recorrido, y también sentir que podía hacerla. Tenía como una voz en la cabeza que me repetía, tu a tu ritmo, cada uno hace su carrera, ¿pensé si realmente hacer una carrera era una metáfora de algo más? Luego que cuento mis conclusiones. Cuando salimos me acompañaba Albert y mi primo Iván, tener quién te acompañe en un reto es una bendición. No llevaba un mal ritmo, estaba cómodo y los kilómetros empezaban a caer. Como te he comentado la primera media hora sólo es para acomodar el cuerpo, y es cuando más sufro, los 5 km primeros muy duros. Al llegar a este punto, el recorrido se divide, las carreras populares ya tienen esto, por primera vez tomé el camino de la derecha, el de los 21 km y aunque tenía ganas también temía no poder terminar. Yo mi carrera, me repetía.

Hasta el km 10 fue bastante bien, me sentía con fuerzas y satisfecho de haber entrenado; 10k es una cifra que ahora me parece razonable. Pensar que tenía todavía más de la mitad de la carrera por delante asustaba un poco, pero yo a mi ritmo…iba bien. Un poco después de los 12k me encuentro con las personas que vienen de regreso, su ritmo es justo la mitad que el mío, para mí por un momento resulta deprimente mí desarrollo, pero rápidamente pienso que “cada uno tiene su carrera” y sigo. Un poco de agua y hasta el km17, bien. Nunca antes, en ningún entrenamiento había superado los 17k, un paso más, cada paso extra ya era un record personal, pero es que además me sentía bien. Mis acompañantes iban cantando los tiempos que marcábamos por km y eran lo mejor qua había hecho en la vida. Estaba feliz, y seguía a mi ritmo.

A partir del km 18 empezamos a adelantar a corredores que habían salido mucho antes, me sentía con fuerza. Notaba las piernas pesadas, pero era sostenible. No me podía ni imaginar que estaba adelantando a otras personas. Pensé en los entrenos, pensé en la soledad, en la determinación, en la importancia de tener un sistema, de tener un “cómo” cuando el “qué” lo tienes claro. No me importaba adelantar, me importaba poder seguir y llegar sintiéndome bien, cada uno tiene su carrera pensaba.

El último km fue para disfrutar, me imaginaba que cruzaba la meta, que estaría mi familia esperando, amigos y vecinos animando con aplausos, realmente emocionante. No sé cuánto quedaban diría que unos 200 metros y mi hijo salió a mi encuentro, le cogí la mano y corrimos juntos los últimos metros. Albert e Ivan seguín ahí, fieles escuderos, sonriendo y haciendo también su propia carrera.

Tomando la mano de mi hijo y del hijo de Albert con este al otro lado, cruzamos los 4 la línea de meta…y rompí a llorar. No pude evitarlo.

Para mí no era solo una carrera, era un meta, un propósito, disciplinarme el tiempo necesario en algo que no eran estudios ni trabajo, era sólo para mí.

Me acordé de tantas personas durante la carrera, personas que me acompañaron toda la carrera, algunas de la cuales ya fallecieron, de algún modo también corría por ellas y por sus metas incumplidas. Luego las fotos, recuerdos, estiramientos..el resto.

Mi cuerpo estaba cansado y mi mente estaba clara, la tarde fue tranquila. 

2016-04-04 21.50.04Quiero compartir lo que  aprendí de esta carrera y de este proceso, espero que te sirva:

1.      Hagas lo que hagas, lo tienes que hacer por ti! Sino no tiene fuerza

2.      Con la motivación no es suficiente, necesitas saber cómo. Tener un plan te ayuda y mucho.

3.      Tener a tu lado a quién ya ha hecho el camino es muy poderoso, pero la carrera la corres tú, no existen atajos.

4.      La carrera es tuya de principio a fin, pero déjate ayudar y aconsejar.

5.      Es muy importante tener un plan, te desarrollas como entrenas. No puedes esperar correr 21k improvisando, ni en carrera ni en la vída.

6.      Entrena, entrena, entrena. Toma tu compromiso necesario con lo que haces, la práctica hace al maestro.

7.      Si haces lo correcto y lo necesario, puedes hacerlo. Cualquiera puede

8.      Los retos te estimulan, y aunque te hagan dudar y te confronte a tus limitaciones, te hacen crecer.

9.      Rodéate de padrinos, personas que apoyen tus sueños, no hace falta que hagan nada, sólo animar o en su defecto no estropear.

10.   En la medida de tus posibilidades, háztelo fácil. No tendrá más valor si lo haces más difícil de lo necesario. No te pases con la autoexigencia.

11.   Si una persona puede hacerlo, tú también puedes, y esto vale para una carrera y para mil otras cosas.

12.   Alcanzar tus metas te hace feliz, invierte en ellas, invierte en ti.

13.   Logras los retos te da mayor confianza en ti mismo y te anima a seguir adelante con mayor alegría.

Y seguro que hay más pero me parece que por ahora es suficiente. Te agradeceré si quieres dejar un comentario.

Un saludo y ánimo

Toni

Porque brillar es vivir