Ya no quiero ser jefe así o cómo ocupar tu lugar de forma correcta

“Ya no quiero ser jefe” me comentaba un directivo. Antes- reflexionaba- tenía un trabajo en el que hacía cosas. Pensaba como crear algo, hacia un prototipo y podía construirlo. Tenía un oficio, ahora soy El Jefe y me encuentro un poco perdido, ya no creo nada.

Como jefe ahora me reuno con todos, y se supone que debo:

– saber llevar una reunión

– saber qué hacer en cada momento

– saber cómo decir las cosas a cada uno para que no se sientan mal y se sientan motivados

– ser eficaz e innovador

– ser eficiente pero no aburrido

– transmitir confianza

– tener visión estratégica, pero llevando atención al corto y medio plazo

– saber convencer, pero sin imponer

– saber moverme por la organización y ser político

– tejer redes de relaciones sociales, tener contactos

– actualizarme en mis competencias profesionales

– hacer deporte

– cuidar a mi equipo

– ser un professional dedicado pero no un esclavo del trabajo

– conciliar….

– ser el ejemplo a seguir

“estoy hasta aquí” decía estirándose un cabello de lo alto de la cabeza. Estoy al límite!!!

Algunas personas, motivadas por su exigencia profesional y el compromiso con el proyecto empresarial, van progresivamente asumiendo mayores áreas de desarrollo y responsabilidad y llega un momento en que se encuentran cerca del colapso. Se llegan a confundir con el mismo proyecto

¿Esto tiene arreglo? Claro. El coaching trabaja para  generar mayores alternativas ante una situación problema para que la persona pueda emprender caminos distintos y mejores a todos los niveles. Cuando llega una dificultad como esta sí existen algunas pautas que se pueden seguir, aunque probablemente no será un camino cómodo todo el trayecto.

Muchos de estos jefes (o profesionales en general) que pretender llegar a todo e incluso lo consiguen durante un tiempo, han perdido o la referencia a unos valores íntimos que vertebren su línea de conducta personal.

Por desconexión, desconocimiento, u otros motivos perdemos la referencia y entonces todo es importante y todo urgente. Ahí nos supera la tarea y el estrés y nos debilitamos. Perseguimos 15 objetivos simultáneos y llegamos al final del ejercicio con un rendimiento escaso debido a la dispersión y exhaustos por el esfuerzo hercúleo y estéril. Ya se sabe quién mucho abarca…

Entonces queremos ir al otro lado, y cómo el péndulo necesitamos un cambio radical porque ya estamos quemados. Y aparecen muchas transiciones profesionales o revelaciones vitales. Llegados a nuestros límites las cosas se hacen más claras.  ¿Pero por qué no, antes de llegar ahí hacer una pausa, detectar que está pasando y hacer un reset?

Existen muchas alternativas: puedes contratar un coach, o revisar tu agenda, o pararte un momento y revisar cuáles son tus valores y cómo están o no reflejados en tu vida, o abrir espacio para el deporte. Sea lo que sea, si detectas que alguna cosa no funciona, actúa. No le des muchas vueltas y actua.

Te dejo un video que ha colgado Pedro Salas en Facebook , seguro que te gusta; y es que muchas veces las cosas son muy sencillas.
http://www.youtube.com/v/oooJ42w-OD0?fs=1&hl=es_ES

Un saludo

Cuando el problema es que sientes que no lo mereces

Cuando atiendo a personas, normalmente llegan a través de una petición para mejorar su gestión del tiempo, capacidad de gestionar personas o sentir más confianza, y ocupar el lugar que merecen profesionalmente; éstas son peticiones muy habituales que suponen fuentes de incomodidad Lo que ocurre muy a menudo es que al empezar a considerar conjuntamente las dificultades que encuentra la persona aparece alguno de los tres grandes temas

  • No puedo: En el no puedo la personas siente que le falta o bien el poder o fortaleza personal o bien la capacidad para realizar aquello que desea.
  • No es posible: Significa que desde su mirada, con las posibilidades que considera que dispone y las opciones existentes en su entorno, la persona ve Imposible la realización de su deseo o voluntad
  • No valgo /no merezco: Esta es quizás una de las más duras limitaciones que las personas enfrentan para desarrollar sus opciones personales.

Mientras el “no puedo”, en su dimensión de capacidad, suele ser una faceta razonablemente pública que reforzamos con formación o asesoría; el “no merezco” es íntimo y vivido desde el sufrimiento y la soledad. La persona “no merezco” siente que no tiene derecho a experimentar, o triunfar o a obtener algún beneficio importante para sí misma.

Existen muchas personas que por cargar un “no merezco” dejan de perseguir sus sueños, se entregan a un tipo de vidas y relaciones que les lastiman y dejan de hacer contribuciones que serían un regalo para todos. Los “no merezco” se detectan a través de sus derivadas: “me dejo la última de la lista para reclamar lo que quiero”; usan más de lo habitual “tengo que..” en lugar de “quiero…”; “mejor que el o ella no se enfade”; “que le vamos a hacer esto siempre ha sido igual”; “siempre termino tarde mi trabajo por ayudar a los demás”.

Estas expresiones, que por sí mismas no son determinantes, sí manifiestan una cierta realidad para la persona que las expone, y esta realidad es “soy poco valioso o valiosa y los otros son mejores/más valiosos que yo” y por eso todo lo que me sucede (aunque me fastidie) es lo que tiene que ser. ¡Basta ya! Que esto nos suceda sólo significa que es la forma que tenemos de manejarnos, no que deba ser así. Nuestra educación pesa sobre nosotros, pero del mismo modo que aprendimos algo podemos aprender nuevas formas de manifestar quienes somos. Podemos mejorar nuestra relación con nosotros mismos. Si sientes te alguna cosa escrita aquí va contigo, busca apoyo porque vale la pena, de verdad.

Vocación o la dificultad de pedir lo que necesitas

En mi experiencia profesional como coach, me encuentro muchas veces que las personas vienen a verme con un diagnóstico de sus situación y con una solución ya planteada.

Sienten que su vida está bloqueada, se sienten desorientados, desmotivados o desesperados y creen que existe alguna cosa “ahí fuera” que les ayudará y que resolverá todos sus problemas e inquietudes.

Lo siento la fórmula mágica no existe, ese no es el caminoPlanteo esto porqué muchas veces las personas se acercan al coaching con la petición, por ejemplo de cambiar de empleo porqué no están motivados y sin parar un segundo para pensar qué les motiva hacen listas y listas de cosas que tal vez les puedan gustar pero parece que ninguna les agrada lo suficiente y se desesperan y siguen buscando fuera de si, una y otra vez hasta la extenuación.

Pocos, muy pocos se paran y se preguntan qué quiero, qué me sienta bien, qué cosas me gustan hacer, cuál es mi vocaciónporque cómo la respuesta no sale rápida y certera se incomodan y lo dejan. Otros que saben lo que quieren, se autoreprimen y no lo dejan salir porque claro….eso no da dinero, porqué con lo que está cayendo, cómo voy a plantear eso a mi pareja, a mi familia… en fin.

Cuando nuestra cabeza no sabe, nos incomodamos y dejamos la reflexión de lado; cuando la vocación (el corazón) sí sabe no le dejamos porqué nos da un “nosequé” que no nos lo permitimos y entonces vamos raudos a buscar fuera lo que ya tenemos y nos cuesta mirar.

Lo que veo es que prácticamente todas las personas, a determinado nivel saben lo que quieren, aquello a lo que son llamados, aunque te juran y perjuran que no lo saben; lo único que necesitan es generar las condiciones necesarias para que esto pueda salir.

Para mi esto recoge la esencia de lo que es el coaching: ayudar a la otra persona a encontrar sus respuestas y acompañarlo a construir su sueño. Una vez más se trata de manifestar nuestra propia singularidad.

Y tu ¿sabes de verdad lo que quieres?

“Estoy quemado”

En una de mis recientes sesiones de coaching, la persona venía a buscar un cierto acompañamiento para cambiar de trabajo. Tras un periodo de desarrollo profesional muy intenso, sentía que era el momento de dar un nuevo giro profesional.

Hablamos de distintos temas hasta que llegamos al núcleo del asunto. Se sentía triste. Aquello ya no era lo de antes, le cansaba lo de siempre, no sentía ilusión, ni reconocimiento, ni nada…”desconectado”.

Esta persona, había perdido la conexión con su trabajo. Este sentido fundamental que muchas personas poseen con aquello que hacen, que les aporta contribución, misión o realización personal.

Si perdemos esta conexión con nuestra contribución, con el sentido de lo que hacemos, cualquier obstáculo se vive como una queja, una mínima dificultad como molestia y un NO como una frustración.

Cuando perdemos ese “delgado hilo rojo” que nos conecta desde nuestra contribución a nuestra tarea , corremos el alto riesgo de desmotivarnos y terminar en burnout (estar quemados).

Cuando una persona entra en síndrome de estar quemada, suelen manifestarse aspectos de esta índole:
1. Psicosomáticos: cefalesa, problemas para dormir, problemas estomacales , tension o dolor muscular, etc.
2. Conductuales: absentismo, abuso café, tabaco, alcohol, etc.
3. Emocionales: tristeza e incluso depresión, irritabilidad, dificultad de ver los aspectos positivos de la realidad.
4. Entorno laboral: cierta hostilidad, comunicación interpersonal muy pobre, resultados del trabajo de peor calidad
Hoy en día, la realidad profesional es muy exigente y compleja, nos vemos sometidos a una demandas muy elevadas y la presión por alcanzar resultados nos sitúa a tod@s en riesgo.

También es cierto que existen estrategias de prevención del “burnout” y que vale la pena considerar; desde la meditación, la buena gestión del tiempo, recordarse cada día para qué uno está en esa ocupación son estrategias mentales de gran utilidad. Del mismo modo, descubrir y potenciar los propios recursos para enfrentar situaciones de exigencia es extraordinariamente útil.
Herramientas como la PNL ayudan a revelar aspectos propios que nos fortalecen ante los retos de cada día. Si sientes que estas en riesgo, muévete, apuntate a un taller de algo, pide ayuda o cómprate un libro pero no te dejes, no te rindas. La vida es demasiado breve para estar “quemad@”. Mándame un mail si quieres y hablamos. Cuidate.
Un abrazo

Objetivos o porque una flor no hace verano

Flor groga

“Una flor no hace verano”, me recordaba regularmente uno de mis profesores en la primaria. Qué cosa decía, para qué la decía, no terminaba de entender cómo es que repetía tanto eso. La verdad es que con 12-13 años no le das el mismo valor que ahora. La experiencia te muestra claramente que el hecho de haber llegado a un punto, no significa que ya hayas alcanzado tu límite, y menos que puedas mantenerte en esa posición.

Como muchos ya hemos aprendido, llegar a un punto puede ser difícil pero aún lo es más mantenerse en ese lugar.

En la empresa, vemos como discursos muy positivos, necesitan muchos actos (flores) para ser creíbles, cuando alguien quiere cambiar un hábito, acostumbrarse a…, mostrarse más disciplinado, necesita perseverar una vez y otra y otra y otra.

Un gran desarrollo, un buen desempeño, una vez que… pues eso que “una flor no hace verano”. Con una vez no suele bastar. ¿Por qué te planteo esto a día de hoy? Verás, llevo unos buenos años acompañando a profesionales y con muchos de ellos me he encontrado con algo parecido a esto, tal vez te resulte familiar:

1.      Me fijo un objetivo

2.      Me pongo en marcha

3.      Dispongo todos mis recursos en ello

4.      Alcanzo una meta importante

5.      Aflojo y hasta lo dejo

6.      Vuelta al punto número uno.

Es un proceso muy habitual, y aunque con variaciones de complejidad, lo encuentro en proyectos de consultoría, en talleres, en mis amigos y en algunas cosas, porque no decirlo, también en mí. ¿Cómo es que resulta más fácil realizar un gran esfuerzo que mantenerlo luego? ¿sabes que muchas personas invierten tiempo, dinero, y mucha energía en llegar a una meta y luego se olvidan de todo este esfuerzo? ¿Quieres saber lo que me he encontrado? Para muchos es el exceso de confianza mal gestionada.

Si excesiva confianza se confunde con la soberbia, es una duda que aún mantengo.

En la superficie, esto tiene que ver con superar metas, con dejar de tener el objetivo visible, con estar conectado con eso, con la sensación de que una vez se ha llegado no se cumple la promesa que existía detrás de esa meta. Con quién se plantea metas como una check list que va completando, igual que hacíamos con los cromos de futbolistas hace años.

Según he investigado, muchas veces es no darle un espacio de continuidad a lo que quieres, algo así como perderlo de vista. Tan fácil como eso. También a tener que sostenerse en el camino avanzando sólo, es extraordinario el apoyo y el progreso que puedes conseguir cuando avanzas con otras personas.

De fondo, una especie de carta “lo he logrado” con la que aparece la ilusión de si lo he hecho una vez, lo puedo volver a hacer, y ahí me relajo. pero ¿sabes? en este efecto yo-yo pierdes. Tu tiempo, energía y posición quedan tocados y si me apuras, un poco peor que antes por el desgaste.

En el desarrollo de tus objetivos, la recomendación es mantenerse en el camino: Una vez has llegado un determinado lugar, suele ser más sencillo seguir aunque para ello necesites hacer ajustes en tu propio proceso.

Y a ti, ¿te resulta familiar lo de “una flor no hace verano”?

Déjame tus comentarios y te los respondo en breve.

Un saludo y hasta pronto

Toni.

«14 aprendizajes que me ha dado correr por una meta!»

Hace poco más de dos semanas corrí mi primera media maratón, 21 km de un tirón, algo impensable hace cuatro días para mí y al finalizar me sentí feliz, pleno y con una emoción tan grande que tenía unas ganas de llorar enormes, y lo hice, lo de la maratón digo y lo de llorar también.;-)

Seguro que te planteas porque te cuento esto, es normal; mis post suelen ser de pnl, desarrollo organizativo, sistemas de gestión del desempeño, constelaciones organizacionales…bueno, si mes sigues un poco ya sabes.

Te cuento:

Me inicié en esto de correr creo que fue hace 4 años, cuando después de levantarme por la mañana, mis huesos crujían y mucho; pasaba unos minutos cada mañana hasta que se calentaban los músculos y empezaba a sentirme mejor. Cuando te encuentras en momentos de necesidad de cambio, te planteas eso de “tendría que hacer algo” (te resulta familiar verdad) pero me resistía a dar un paso. 

¿No te pasa que a veces todo lo que imaginas que tienes que hacer es tan grande y te da tanta pereza que no te dejas espacio para sencillamente hacerlo y ya está?, también he descubierto que hacer las cosas suele ser bastante más fácil que pensar que tienes que hacerlas, en fin, así soy.

Bueno que me despisto. Todo empezó como un juego. Mi pareja se descargó algo al estilo “Corra ud 40 minutos en 10  semanas”, para los corredores eso es nada pero para los que nunca hemos practicado es una barbaridad, casi una gesta!.

Arranqué y cumplí el propósito, de ahí a plantearme alguna carrera fue un paso y sin darme cuenta corrí una de 5km y luego con algo más de entrenamiento una de 10km y luego otra. Ya había empezado, la verdad es que estaba animado y como me pasa alguna vez…me vine arriba.

¡Correré una media maratón! Tome un compromiso conmigo mismo y con mi amigo Albert, y empezamos a entrenar.  La verdad es que iniciarse en la práctica deportiva una vez has pasado la frontera de los 40 tiene su miga, por temas de salud nunca he practicado deporte de forma regular, no he experimentado que se siente tras un partido, lo que significa entrenar, las sensaciones que tienes después de un desempeño físico, estiramientos, en fin, esas cosas que a los deportistas les generan tantas endorfinas y bienestar.

Yo iba por el objetivo, y si me permites la expresión… a saco. Correr, correr y correr, y cada día que salía un poco más, con toda la candidez del mundo y sacando dosis de disciplina en muchas ocasiones que no me apetecía nada. Suerte de Albert que tiraba de mí. Entrenar por las noches de noviembre a febrero, no es plato de gusto; mucho frío, humedad, oscuridad, soledad y únicamente tú, tu “personal trainer” y el objetivo; entrenar después de un día difícil, cuándo tendrás que madrugar al día siguiente, cuando podrías aprovechar para descansar un poquito más, cuando la primera media hora hasta que has calentado sólo sufres, no pone nada, de verdad.

La cabeza te pone muchas trampas. Tu cerebro sólo quiere tu comodidad.

Todo iba bien, quedaba apenas unas tres semanas para la fecha de la media maratón, estábamos subiendo el ritmo de los entrenos y lo cierto es que estaba muy animado y muy crecido, tenía tan claro que eso de querer es poder, cuando…. Crac, crac y catacrac!. Bursitis, rotura de fibras y no sé cuántas cosas más en mi cadera derecha. Hasta aquí hemos llegado.

Le pedí a mi trauma que me diera algo para el dolor y poder hacer la carrera, porque ahora no tenía ninguna intención de parar, éste levantó la ceja derecha (siempre ha sido un gesto interesante para mi) y creo que si no es por el código deontológico me rompe la otra pierna. Se terminó mi sueño, finito, caput, ko, me quedé hecho polvo y entonces me vine abajo. El traumatólogo me soltó algo que aunque ya sabía no había contemplado en toda su magnitud

“Querer no es poder, si no sabes cómo”.  Es cierto que la motivación es muy importante, me decía, pero hacer las cosas sin saber lo que tienes que hacer puede hacerte daño (y me lo hice) y dejarte en sufrimiento (que también me lo hizo).

Me fastidió tener que parar, me sentí que aquel esfuerzo no había valido la pena, sentí que de alguna forma fallaba a las personas que habían confiado en mí, me sentía apenado y muy triste, un desastre. Lo que pasó es que me fui al otro lado, aunque hice mis sesiones de rehabilitación, dejé de correr, lo deje por más de 6 meses; gané peso, y el cuerpo se volvió a resentir, hice algún intento, pero la verdad es que lo enfrentaba con poca convicción.

Aunque sabes una cosa, aún tenía ese gusanillo de querer hacerlo, de poder hacerlo, de sentir que era capaz de lograr ese reto y me contaba a mí mismo que seguro que algún día lo haría, pero no tenía una fecha y las semanas volaban que daba gusto. Así hasta Navidad.

Me propuse retomar el reto con todo lo que había aprendido. Intenté asegurar el cómo y liberarme de exigencias para no tener presión. Está vez sí busqué un método organizado para seguir, una forma relativamente testada que pudiera guiar mis pasos para alcanzar ese reto y lo encontré; es una barbaridad lo que encuentras si buscas con un poco de atención e intención.

Te cuento que este método me ayudó porqué podía personalizarlo a mi nivel de competencia de ese momento, las exigencias que tenía que enfrentar estaban en consonancia con mis posibilidades y, según las posibilidades del trabajo y familiares, ajuste los entrenamientos a las horas del día que me resultaban mejor. La cuestión era intentar crear un contexto más favorecedor. Creo que me aproximé bastante.

Bueno, te cuento todo, para ser completamente honesto debo contarte que por diversos motivos no seguí el plan al 100%, la vida son bastantes más cosas que correr una media, eso está clarísimo, pero tenerlo escrito me ayudó a volver a él rápidamente y me mostró que tener un plan aunque no lo sigas de cabo a rabo es mejor que no tener nada. A mí me funcionó.

Creo que seguí el programa más del 80%, sólo variando los días para compaginar con asuntos del trabajo; alguna vez salía con Albert y la mayoría sólo, aunque gracias a estas aplicaciones de compartir entrenos, nos animábamos mutuamente y no cierto es que no nunca llegué a sentir que entrenaba sólo.

Así pasaron dos meses y medio y llegó el día de la carrera. Por qué negarlo, estaba excitado y con cierto temor a no terminarla. Mi propósito era terminarla con buenas sensaciones, no me preocupaba el tiempo, eso era para los más veteranos, por mi parte quería poder completarla y disfrutar el recorrido, y también sentir que podía hacerla. Tenía como una voz en la cabeza que me repetía, tu a tu ritmo, cada uno hace su carrera, ¿pensé si realmente hacer una carrera era una metáfora de algo más? Luego que cuento mis conclusiones. Cuando salimos me acompañaba Albert y mi primo Iván, tener quién te acompañe en un reto es una bendición. No llevaba un mal ritmo, estaba cómodo y los kilómetros empezaban a caer. Como te he comentado la primera media hora sólo es para acomodar el cuerpo, y es cuando más sufro, los 5 km primeros muy duros. Al llegar a este punto, el recorrido se divide, las carreras populares ya tienen esto, por primera vez tomé el camino de la derecha, el de los 21 km y aunque tenía ganas también temía no poder terminar. Yo mi carrera, me repetía.

Hasta el km 10 fue bastante bien, me sentía con fuerzas y satisfecho de haber entrenado; 10k es una cifra que ahora me parece razonable. Pensar que tenía todavía más de la mitad de la carrera por delante asustaba un poco, pero yo a mi ritmo…iba bien. Un poco después de los 12k me encuentro con las personas que vienen de regreso, su ritmo es justo la mitad que el mío, para mí por un momento resulta deprimente mí desarrollo, pero rápidamente pienso que “cada uno tiene su carrera” y sigo. Un poco de agua y hasta el km17, bien. Nunca antes, en ningún entrenamiento había superado los 17k, un paso más, cada paso extra ya era un record personal, pero es que además me sentía bien. Mis acompañantes iban cantando los tiempos que marcábamos por km y eran lo mejor qua había hecho en la vida. Estaba feliz, y seguía a mi ritmo.

A partir del km 18 empezamos a adelantar a corredores que habían salido mucho antes, me sentía con fuerza. Notaba las piernas pesadas, pero era sostenible. No me podía ni imaginar que estaba adelantando a otras personas. Pensé en los entrenos, pensé en la soledad, en la determinación, en la importancia de tener un sistema, de tener un “cómo” cuando el “qué” lo tienes claro. No me importaba adelantar, me importaba poder seguir y llegar sintiéndome bien, cada uno tiene su carrera pensaba.

El último km fue para disfrutar, me imaginaba que cruzaba la meta, que estaría mi familia esperando, amigos y vecinos animando con aplausos, realmente emocionante. No sé cuánto quedaban diría que unos 200 metros y mi hijo salió a mi encuentro, le cogí la mano y corrimos juntos los últimos metros. Albert e Ivan seguín ahí, fieles escuderos, sonriendo y haciendo también su propia carrera.

Tomando la mano de mi hijo y del hijo de Albert con este al otro lado, cruzamos los 4 la línea de meta…y rompí a llorar. No pude evitarlo.

Para mí no era solo una carrera, era un meta, un propósito, disciplinarme el tiempo necesario en algo que no eran estudios ni trabajo, era sólo para mí.

Me acordé de tantas personas durante la carrera, personas que me acompañaron toda la carrera, algunas de la cuales ya fallecieron, de algún modo también corría por ellas y por sus metas incumplidas. Luego las fotos, recuerdos, estiramientos..el resto.

Mi cuerpo estaba cansado y mi mente estaba clara, la tarde fue tranquila. 

2016-04-04 21.50.04Quiero compartir lo que  aprendí de esta carrera y de este proceso, espero que te sirva:

1.      Hagas lo que hagas, lo tienes que hacer por ti! Sino no tiene fuerza

2.      Con la motivación no es suficiente, necesitas saber cómo. Tener un plan te ayuda y mucho.

3.      Tener a tu lado a quién ya ha hecho el camino es muy poderoso, pero la carrera la corres tú, no existen atajos.

4.      La carrera es tuya de principio a fin, pero déjate ayudar y aconsejar.

5.      Es muy importante tener un plan, te desarrollas como entrenas. No puedes esperar correr 21k improvisando, ni en carrera ni en la vída.

6.      Entrena, entrena, entrena. Toma tu compromiso necesario con lo que haces, la práctica hace al maestro.

7.      Si haces lo correcto y lo necesario, puedes hacerlo. Cualquiera puede

8.      Los retos te estimulan, y aunque te hagan dudar y te confronte a tus limitaciones, te hacen crecer.

9.      Rodéate de padrinos, personas que apoyen tus sueños, no hace falta que hagan nada, sólo animar o en su defecto no estropear.

10.   En la medida de tus posibilidades, háztelo fácil. No tendrá más valor si lo haces más difícil de lo necesario. No te pases con la autoexigencia.

11.   Si una persona puede hacerlo, tú también puedes, y esto vale para una carrera y para mil otras cosas.

12.   Alcanzar tus metas te hace feliz, invierte en ellas, invierte en ti.

13.   Logras los retos te da mayor confianza en ti mismo y te anima a seguir adelante con mayor alegría.

Y seguro que hay más pero me parece que por ahora es suficiente. Te agradeceré si quieres dejar un comentario.

Un saludo y ánimo

Toni

Porque brillar es vivir

La necesidad de encajar

 

Businessman analyzing investment charts at his workplace

La necesidad de encajar

La necesidad de encajar

Hace unos días conversaba con una persona sobre la necesidad de encajar, la creencia de encontrar un espacio profesional al que ajustarse como anillo al dedo, una especie de lugar mágico que nos pertenece y  dónde todo se funde y misteriosamente toma sentido. Esta persona, como la gran mayoría de nosotros, necesita un empleo y unos ingresos y sentía intensamente que debía encajar. Buena formación técnica, extremada sensibilidad, iniciativa, pero sentía que no encajaba en ningún lugar.

Los trabajos que encontraba no respondían a sus habilidades o sólo lo hacían parcialmente y aunque era consciente que tal vez debería renunciar a determinadas expectativas, llegó pidiendo apoyo sobre cómo encajar en un rol profesional manteniendo su “esencia”; si esto era posible.

Las ofertas de trabajo que tenía eran muy técnicas, lo que según entendía dejaba fuera la creatividad e intuición o al contrario; posiciones muy creativas que no consideraban todo el potencial de desarrollo técnico de su profesión.

Tenía un dilema, para encajar debía renunciar a una parte importante de su singularidad y esto le generaba malestar y tensión.

Me acordé de Andrés Pérez y su Marca Personal y me resonó otra vez la necesidad de encontrar nuestra singularidad, un proceso que más que un”ale hop” y ya está, es costoso y necesita ser trabajado. Es un derecho pero sobre todo es una conquista. Es aquello de que la inspiración te pille trabajando.

Por otro lado, la necesidad de encajar a cualquier precio, puede resultarnos muy costosa a nivel personal, según lo que debamos dejar en el camino; si bien es cierto que muchos de nosotros hacemos gustosamente sacrificios para encajar (en la pareja, el trabajo, con nuesto jefe) también es cierto que llegados a un punto

es más necesario que nunca mirar dentro qué es importante para nosotr@s, quienes somos, cuales son nuestros valores y prioridades, qué sueños tenemos y dónde podemos hacer una contribución.

Mirar fuera constantemente e intentar construirnos en base a las expectativas de los otros, nos puede llevar al extremo de perder nuestra conexión con nosotr@s y en definitiva a nosotros mism@s.

Identificar la propia singularidad, aquello que nos hace únic@s y encontrar un lugar dónde ponerlo al servicio, es a corto plazo más costoso pero nos acerca de forma exponencial a la vivencia de una vida más completa.

Se trata ni más ni menos que de saber quién eres, qué quieres y crear tu propio espacio.

Porque a fin de cuentas, todos podemos brillar.

Ánimo

Los 7 «Dragones del cambio personal»

En cualquier proceso de cambio existen metafóricamente hablando los “dragones”, estos son retos o dificultades de tipo interior que debemos enfrentar para realizar avances significativos en nuestra vida. Del mismo modo que en los mapas antiguos se representaban seres mitológicos para indicar que esa zona no era conocida, cuando sentimos que nos alejamos de nuestra zona de comodidad personal para emprender nuevos retos, nos topamos con esos dragones. Les denominamos dragones porqué como ellos, nos producen miedo y desasosiego, aunque nuestra cabeza nos diga que son fantasia. Veamos en detalle qué sucede realmente con esos dragones.

Los Dragones:

Para quién le intereses, esta adaptación está tomada del modelado de los procesos de cambio que han sido desarrollados por la PNL.

1.Confusión: ¿qué quiero? la falta de claridad en los objetivos, sé lo que NO quiero y no lo que quiero. No tener claro hacia dónde caminar, nos provoca quedarnos atorados. Esta etapa es muy habitual, tanto en la adolescencia, cuando uno no tiene ideas claras de preferencia profesional, como en momentos de cambio brusco de la realidad profesional. Nos despiden y estamos aterrados y confundidos, sin saber hacia dónde movernos.

2.Contenido: ¿Qué pensamos sobre nuestros retos? ¿Con qué información construimos nuestras opiniones?.

No pocas veces hemos generado ideas, fábulas y mucha información sin ninguna base real, que nos separan de nuestros objetivos.

Nuestra capacidad de generar pensamientos que nos llenan los espacios de incertidumbre es muy elevada; cuando las informaciones inadecuadas están muy presentes en nuestros retos, provocan muchos obstáculos

– Inacción

– Temores infundados

– Previsiones Excesivas

– Desilusión

– Estrés y vigilancia

En coaching suele suceder que la persona tiene una serie de ideas preconcebidas que no le permiten, desde ese prisma, dar un paso coherente de responsabilidad personal.

3.Catástrofes: Todos tenemos en nuestra historia vital momentos muy duros, desilusiones fuertes y algo que nos tiene acomplejados; con todo esto creamos un mapa de como son las cosas y como funcionan y así sin pensar fijamos nuestro rango de expectativas, marcamos aquello que nos atrevemos o no a hacer, a lo que nos damos permiso.

El “dragón” de las catástrofes nos recuerda que en algún momento del pasado aprendimos que algo era peligroso y que teníamos que evitarlo o alejarnos de ello; ese aprendizaje que entonces nos ayudó, hoy no resulta positivo, lo que ocurre es que lo tenemos tan bien aprendido que nos sabemos como neutralizarlo.

4.Comparación:

Otro obstáculo para una cambio o mejora que sucede en muchos procesos tiene que ver con la comparación. Por tradición siempre estamos comparándonos socialmente (este e un proceso de aprendizaje extraordinario), sobre todo con los que son mejores que nosotros en un área de desempeño. De este modo se produce una realidad muy curiosa; tenemos un modelo de referencia sobre qué significar hacer alguna cosa bien, para otra habilidad tenemos otra persona, para una tercera otra persona y al final tenemos un collage de modelos e identidades dónde nosotros siempre salimos perdiendo en la comparación.

Nuestras comparaciones ademas, suelen estar en la dimensión de nuestras capacidades, nuestros resultados y la propia competencia o incompetencia. Total que es muy fácil salir perdiendo en esta interacción con este dragón.

5.Conflicto

Cuando deseos i obligaciones están enfrentados. Quiero algo y también quiero su opuesto, si hago esto pierdo aquello, si lo hago mal y si no lo hago mal. Todas estas son expresiones de conflictos que al no resolverse de forma adecuada, o no resolverse simplemente, nos genera mucho sufrimiento y sensación de bloqueo.

Nuestra capacidad racional no sabe manejarse bien con los los conflictos internos.

Las distintas polaridades que manifestamos, las ganancias secundarias, agendas ocultas necesitan una mirada más amplia para poder diluirse y permitirnos seguir adelante.

6.Contexto

Puesto que estamos en realidades interconectadas, cuando movemos una pieza, toda la realidad se mueve, igual que en una partida de ajedrez, un movimiento genera que toda la partida cambie. Cuando empezamos a cambiar, nos mostramos indecisos y queremos ir despacio, pero entonces nos cambia todo el escenario y nos volvemos hacia atrás porqué nos asustamos por el temor a no saber manejar ese cambio imprevisto

Sostener la complejidad y el cambio de escenario resulta clave para llegar a construir el tipo de realidad que queremos.

7.Convicción

Este “dragon” es muy peligroso. La poca o nula convicción sobre alcanzar el objetivo tiene tres patas, a saber:

Desesperanza: pienso que el objetivo no es alcanzable. Esto me lleva a la frustración.
Impotencia: pienso que el objetivo es alcanzable para otros pero no para mi.
Falta de Valor: siento que no soy digno de alcanzar el objetivo, siento que no lo merezco.

Puede ser que si has llegado hasta el final del post, alguno de los dragones lo sientas más cerca; también puede ser que ya los has conocido y los tengas “amaestrados”; en cualquier caso sí vale la pena considerar que estas incomodidades que enfrentamos han sido abordadas por muchas personas y existen formas de enfrentarlas con mucha suavidad y contundencia. si crees que vale la pena avanzar en tu camino, aunque tengas dragones, adelante sólo yendo adelante y enfrentandote a ellos podrás vencerlos.

Un saludo.

Coaching y la Aventura del Héroe

Desde que participé del taller que Robert DIlts realizó junto a Stephen Gilligan  en BArcelona hace ya unos años, titulado “La aventura del héroe”, éste tema siempre me ha atraído.

La aventura del héroe trata sobre cómo una persona normal debe enfrentar un desafío que le supone una gran exigencia. Estos desafíos son buscados porque tienen que ver con el deseo de hacer o vivir alguna cosa, o bien son encontrados en tanto que inesperados y porque no decirlo, bastante o muy disruptivos.

Desafíos habituales tienen que ver con: seguir un sueño y atreverse a cumplirlo, vivir del modo que uno quiere, hacer un viaje deseado, darse un año sabático, dejar una relación tóxica en lo personal o profesional, perder el empleo (más exigente a edad más avanzada). En definitiva todo aquello que nos interpela a un nivel de desarrollo y rendimiento que nos supera y ante el que no tenemos escapatoria.

Pilar Jericó ha escrito un libro muy acertado y divulgativo llamado Héroes Cotidianos (muy recomendable la verdad), he tomado prestado este guión de Pilar y sobre él he desarrollé la conferencia, me gustaría compartir contigo un pequeño resumen por si lo que lees te “resulta familiar”

▪ La llamada a la aventura: Aquí empieza todo. Un día te encuentras en una situación de exigencia, tanto si la has buscado como si te sucede de repente. Cuando es un deseo (la llamada del cielo), se manifiesta por una inquietud que toma progresivamente su espacio y llega para quedarse. Esta situación es bastante o muy desagradable puesto que nos genera tensión e incomodidad hasta el punto que nos obliga a tomar decisiones personales. La necesidad de coherencia personal nos desequilibra, lo que queremos alcanzar y muestra vida tal coma ha sido hasta ahora no encajan.

Cuando la situación no es deseada (la llamada del trueno); algún acontencimiento súbito y desagradable aparece y rompe con la tranquilidad y estabilidad que conocemos y nos deja “colgados” en el vacío. Muertos de miedo y bloqueados.

Muchos de los procesos que acompañamos en profesionales y directivos, siguen este patrón. La persona llega con una gran desazón porqué o bien su deseo le lleva a una situación insostenible o bien, ha sido “golpeado” por algún evento ajeno a su control.

▪ El miedo y la negación de la realidad: El miedo es la segunda etapa. Negamos lo que nos sucede porque si lo aceptamos tenemos que hacerle frente y tomar una responsabilidad. Negamos porque nos resulta difícil aceptar lo que nos pasa, no lo entendemos, pensamos que son cosas nuestras; pensamos que si no prestamos atención se nos pasará y así nos damos un tiempo intentando mantener nuestro equilibrio, aunque sea precario. Negamos también porque pensamos que no tenemos derecho, que antes hay otras cosas…

▪ La noche oscura y el desafío de nuestra sombra: Pero sucede que, llega un punto que no se puede soportar; tanto si es buscado como encontrado el reto te interpela y no te permite escapar. Ya no puedes contarte historias, ni tu las crees. Lo que sucede es que miras directamente a tu sombra (llámale limitación, complejo, inseguridad) y ves lo que es, y no hay más. Esta mirada directa no es cómoda pero si necesaria y también dolorosa; este dolor también es necesario y permite liberarte de todo aquello que en este momento de transición te resulta superfluo.

▪ Iniciando una nueva realidad: la conexión con la esencia. Una vez el dolor te libera de lo que sobra, necesariamente te vuelves más humilde y entonces aprendes. En este momento uno encuentra “su verdad” y se conecta con aquello que es fundamental. Esta conexión con la esencia es tomar conciencia de qué es lo importante más allá de la forma. Es desde ese lugar que empezamos a construir nuestra nueva realidad personal o profesional. Esta esencia la debemos encontrar nosotros. No existen atajos.

Muchas personas que están angustiadas buscan intensamente respuestas en el exterior, recetas, técnicas y cómo podéis imaginar no sirven. Dar una técnica o receta en lo referente a la esencia es como parchear la identidad; una suerte de “pathwork” para el espíritu.

▪ Aprender nuevos hábitos, ganar nuevos recursos: Todo el proceso que la persona ha realizado en su interior, para llegar a una transformación o comprensión debe catalizar en una producción al exterior. Generar un nuevo hábito o comportamiento, que en el exterior pueda producir nuevos resultados es el objetivo de esta etapa.

En los cuentos y leyendas se suele representar con una pócima mágica que el héroe toma para adquirir poder; en nuestro caso es algo que tenemos que aprender. Como dice Juan Carlos Cubeiro “saber sin hacer no es saber”.

▪ Reencuentro con nuestra sombra: Una vez uno aprendre aquello que necesita, regresa a enfrentar el reto al que fue llamado. Por definición uno es llamado a aquellas pruebas que puede superar, aunque al principio parezca imposible.

El reencuentro con la sombra implica también una victoria sin lucha, un darse cuenta que la sombra es también parte de nosotros y que debemos aceptar e integrar para crecer.

▪ Retorno a la vida cotidiana: Cuando hemos recorrido todo el camino, volvemos al principio a retomar la “normalidad” en nuestra vida, una vez superada la prueba o desafío nuestra realidad vuelve a ordenarse.

Igual que a Ulises, el viaje nos sirve para aprender y crecer y volver a nuestra realidad más ricos con las experiencias vividas. La Aventura del Héroe es una metáfora preciosa de cómo se produce una transformación y que sucede en un proceso de coaching.

Cuidate

Toni